miércoles, 14 de enero de 2009

VIAJE: CUATRO DÍAS EN ROMA

20-21-22 y 23 de diciembre de 2008

Siempre había querido visitar Roma y por fin el sueño se ha hecho realidad. No me ha defraudado en absoluto, es una ciudad llena de historia, única. Algunos de los apelativos con la que se la conoce son: capital del mundo (Caput Mundi), La Urbe (la ciudad), casi nada. Es la capital y la ciudad más popular de Italia, posee una estructura urbana, lo que significa que los restos de la ciudad antigua y sus monumentos no se encierran en un espacio limitado, sino que están desplegados por toda la urbe. La que fue la capital del imperio más vasto de la antigüedad es desde hace siglos, la capital de la cristiandad, o lo que es igual el centro espiritual del mundo católico. El viaje en sí, ha sido fruto del regalo de cumpleaños que le hice a mi marido, e incluía también a mis hijos de 13 y 11 años. Hace más de 15 años fui a Venecia, Siena, Florencia... Roma era mi asignatura pendiente, ahora asignatura aprobada. Aquí intento plasmar mis sensaciones de este viaje, los recuerdos, lo que hemos visto... Gastronomía, lo que se dice gastronomía no ha habido mucha. Sí hemos comido pasta, pizza, rissotos ricos, pero en España también los comemos (y de chuparse los dedos). Este no era un viaje gastronómico, aunque de él puedes sacar algún consejo valioso, si no sabes bien qué restaurante visitar.

Algunos imprevistos

Los días previos al viaje fueron de gran inquietud porque en Roma tuvieron unas lluvias torrrenciales, tanto que existía el riesgo de que se desbordara su río, el Tiber. Estaban un poco en alerta, por lo que llegamos a pensar que el tiempo no iba a acompañarnos. Nos equivocamos, el tiempo en Roma del 20 al 23 de diciembre fue espléndido, muy húmedo, porque es una ciudad con mucha humedad al estar muy próxima al mar, pero soleado y con unas temperaturas muy suaves durante el día, con noches más frescas. Tuvimos otro contratiempo distinto al clima y fue la fiebre altísima de mi hijo, nada más aterrizar en Roma, a causa de unas anginas. Por ese motivo decidimos apuntarnos al programa de Travelplan (www.travelplan.es), que nos propusieron en el traslado del aeropuerto al hotel, dicho programa incluía una visita nocturna por la ciudad la tarde-noche del día 20, y después visitas guidas los dias 21 y 22, por la mañana y por la tarde, nos pareció lo mejor. El precio total era de 200 euros por persona, con un descuento del 50 por ciento en el caso de mi hijo, al ser menor de 12 años. Nos apetecía mucho probar la cocina italiana in situ, pero no tuvimos muchas oportunidades en este sentido dado que el programa de Travelplan incluía las dos comidas y las cenas tuvimos que hacerlas muy cerca del hotel (situado en las inmediaciones de la estación Termini), dado el cansancio y la fiebre de mi hijo.

Primer día, Roma nocturna

Nada más dejar las maletas en el hotel, nos fuimos paseando por la ciudad y llegamos a la plaza de la República, donde entramos en una galería comercial y comimos (lasaña) en una famosa Pastelería-restaurante, Dagnino, que me recordaba un poco a la madrileña Mallorca. A continuación nos dirigimos a la iglesia de Santa María de los Ángeles, preciosa. Más tarde nos enteramos que fue la iglesia donde se casaron los padres del Rey D. Juan Carlos (D. Juan y Dª Mercedes, los condes de Barcelona ). Lo curioso de ella es que tiene La Meridiana, construida por Francesco Brandini e inaugurada por Clemente XI. Marca el 21-22 de diciembre, mediante un rayo de luz el solisticio de Invierno, el 20-21 de junio señala el solisticio de verano, pasando por un punto de la línea situada en el suelo.

-A la salida entramos en las termas de Diocleciano, las más grandes de Roma, visitamos su bonito claustro Michellangelo, en ese momento la fiebre de mi hijo subía más y empezaba a tener vómitos. La visita fue por tanto muy atropellada, vimos un poco el museo, unas tumbas, muchas esculturas (como las de la primera fotografía de la derecha, arriba) ...y volvimos al hotel, donde comprobamos que tenía placas y que debíamos empezar a darle antibióticos. Habíamos pagado ya la excursión nocturna por Roma y no sabíamos muy bien si íbamos a poder ir, en concreto yo pensé que lo mejor es que fueran mi marido y mi hija solamente. Con el antibiótico y el ibuprofeno, mi hijo empezó a estar un poco mejor y al final decidimos ir a la excursión, pese a que sabíamos que el niño no iba a ver mucho… (se quedó prácticamente dormido en el autobús). El resto pudimos ver los principales monumentos de Roma iluminados (palacio de las Exposiciones, el Campidoglio, la plaza Venezia, monumento a Victor Manuel, el Foro romano, el Coliseo, el arco de Constantino, el circo Máximo. Bordeando el río vimos la isla Tiberina, el Castillo de Sant´Angelo, para llegar a la grandiosa plaza de San Pedro, en la que pudimos bajar a hacer fotografias. Contemplamos el parque de la Villa Borghese, la embajada española (en un palacete compartido) y la famosa Vía Veneto. Vuelta al hotel, situado en la Vía Palestra, frente a la embajada inglesa.

Segundo día: Roma Imperial

Acudimos a las 8.00 horas al punto de encuentro de Travelplan en la estación Termini, para continuar con el programa. Primero: Roma Imperial. Acudimos a la Basílica de San Pedro In Vincoli (en Cadenas) para admirar el Moisés de Miguel Angel en la tumba del Papa Julio II. Magnífica la escultura del Moisés, la verdad es que sólo le falta salir andando. Y eso es lo que pensó Miguel Angel cuando la terminó y le dio un martillazo en la pierna diciéndole “sólo te falta salir andando”. El guía –soberbio, por cierto, de Cerdeña, de nombre Marco- nos contó que esta escultura del Moisés se realizó para la tumba del Papa Julio II que era tan “modesto” que le había encargado a Miguel Angel una tumba con infinidad de esculturas. Lo que ocurrió es que antes de que las hiciera murió el Papa y sus herederos no quisieron gastar el dinero que dejaba en herencia en tantas esculturas, pero Miguel Angel se sentía culpable por no cumplir sus últimas voluntades, por lo que decidió hacer sólo una, el Moisés. En esta basílica se encuentran las cadenas de San Pedro, en una urna. A la salida el guía nos contó con un libro parte de lo que veríamos después (el Coliseo, el Foro…), con imágenes de cómo eran en la época de los romanos y cómo veríamos los monumentos en la actualidad. Nos compramos el libro porque nos pareció una joya.

-Y nos dirigimos al Coliseo (para visitarlo por dentro), una gozada entrar por la zona de grupos o visitas guiadas y contemplar las enormes colas que había en el acceso. Fue construido en el año 80 d. de C. e inaugurado por Tito con más de 100 días de celebraciones, durante los cuales se sacrificaron más de 5.000 fieras en la arena. ¡Impresionante! En realidad el Coliseo era el Antiteatro Flavio, situado entre los cerros Palatino, Celio y Esquilino en el lugar donde antes estaba un lago artificial de Nerón. De sus dimensiones cabe resaltar: 50 metros de altura de su anillo exterior, 188 metros de largo del eje mayor de la elipse y 156 metros de largo del eje menor; con más de 100.000 metros cúbicos de mármol travertino y 300 toneladas de hierro para las grapas que conectaban los bloques entre sí. Estas grapas fueron arrancadas después en distintos momentos de la historia para fundir el hierro, por lo que en el Coliseo se observan numerosos agujeros. Las 80 arcadas de su planta baja están numeradas (números romanos) progresivamente (los números eran contraseñas para los espectadores) y conducían a 160 bocas hasta las gradas. Junto al Coliseo se alzaba el Coloso de Nerón, una estatua de 35 metros de altura, de bronce dorado. Tras el fallecimiento de Nerón su cabeza fue sustituida por la del Dios Sol. Por esta estatua dejó de llamarse Anfiteratro Flavio, para llamarse Coliseo.

En su interior se halla el ruedo, con un piso con un tablado de madera lleno de arena (para la sangre) por una superficie de 76 x 46 metros, y la cávea dividida en 3 sectores de graderías (se sentaban según su importancia social) y al final unas gradas superiores para los espectadores de a pie. La entrada para todos era gratis. Su capacidad es de 70.000 personas que asistían a ver luchas de gladiadores y cazas de fieras. A los romanos les apasionaba ver la “muerte en directo” –era como su televisión o cine de terror- y según el guía en este lugar no se martirizaron cristianos, a pesar de que el guía contaba que la Iglesia está empeñada en decir lo contrario. Según el guía “no existe ni una sola prueba o escrito que demuestre que en el Coliseo murieron cristianos.

Los espectadores estaban protegidos del sol por un enorme toldo manejado por un destacamento de marineros. Las fieras no podían saltar y atacar al público porque durante los espectáculos se colocaba una robusta red metálica, sujeta por palos y colmillos de elefante, con rodillos de marfil que impedían que las fieras pudieran saltar. Además también había arqueros entre las graderías por si debían disparar sus flechas.

En el año 438 se abolieron los combates de gladiadores y el último espectáculo del que se tienen referencias fue en el año 523 bajo el rey godo Teodorico.

En los espectáculos (sobre todo en las cazas) se preparaban magníficas escenografías que comprendían representación de colinas, bosquecillos, selvas, pequeños lagos… intentaban reproducir el hábitat de las fieras. En una ocasión soltaron 100 leones simultáneos que enmudecieron al público. Los gladiadores podían llegar al ruedo desde su cuartel general, por un subterráneo.

En la plaza del Coliseo se encontraba el templo de Venus y Roma, proyectado por Adriano y dedicado a la diosa fundadora de Roma. Y el Arco de Constantino, decretado en el año 312 d.C. en honor del emperador que había liberado Roma del tirano Majencio. Está decorado en su mayor parte con relieves y estatuas de épocas precedentes. A continuación paseamos por el Foro Romano, que era el centro comercial, político y judicial de la ciudad, hasta fines de la época republicana. Está situado entre el Palatino, el Capitolio y las últimas laderas del Quirinale y del Viminale. La parte del valle situada a los pies del Campidoglio se dedicaba a la política (el Senado…) la parte más amplia servía de plaza, con bodegas y puestos de mercado, también con santuarios. En él se encuentra la famosa Lapis Niger, que se cree que es la tumba del mítico fundador de Roma, Rómulo, protegida por enormes lajas de piedra negra.

Lo primero que admiramos andando desde el Coliseo hasta el Foro fue el templo de Antonio y Faustina, construido por Antonio Pío en memoria de su esposa Faustina, fallecida en el año 141 d. C. y luego dedicado por el Senado al mismo emperador. Allí también, muy cerca, el móntículo techado donde se incineraron a los restos mortales de Julio Cesar (asesinado por los senadores Bruto, Casio, Cicerón… con 27 puñaladas, para acabar con un tirano y volver a la República). El guía nos contó que a pesar de que en la serie de TV Roma, se dice que el asesinato tuvo lugar en el Senado, lo cierto es que tuvo lugar en las puertas de un templo, en plena calle. Una curiosidad: sobre la arena donde fue quemado Julio César siempre hay flores frescas (pudimos comprobar que esto es cierto). El guía nos contaba que los VIP romanos se casan en una iglesia muy próxima, para hacerse las fotografías de boda en el Foro (un cotilleo).

-Nos señaló también los Rostros (la tribuna desde la cual los magistrados hablaban al pueblo, desde ella también Marco Antonio dirigió su discurso al pueblo tras el asesinato de Julio César) y el guía nos contaba la importancia de la vía Sacra, que atraviesa la plaza por entero y subía hasta el templo de Júpiter Óptimo Máximo en el Campidoglio. Los principales generales y políticos desfilaban por esta vía. Por ejemplo Julio César lo hizo en 3 o 4 ocasiones, para festejar sus éxitos y batallas.

Allí se hacían las procesiones religiosas, ofrendas, sacrificios a los dioses, acompañamientos fúnebres, que se detenían en los Rostros para pronunciar un discurso de elogio al difunto. El más célebre, el discurso que dio Marco Antonio en memoria de su amigo César, tras su asesinato. En esta plaza, antes de que se construyera el anfiteatro se hacían las luchas de gladiadores, ofrecidas gratis al pueblo. El combate más famoso fue el que se hizo en el año 65 a. de C. en el que participaron 320 pares de gladiadores. Sin olvidar los banquetes para celebrar su cuádruple triunfo en el año 45 a. C. y que por varios días acogió a veintidós mil comensales.

Desde la plaza se observa la fachada posterior del ayuntamiento de Roma, con un pequeño balcón al Foro, donde nos contaba el guía que invitan a contemplar a todos los visitantes ilustres… Subiendo por la Via Sacra en dirección al Campidoglio, nos encontramos el Arco de Septimio Severo, construido en el año 202 d. de C. por el Senado y el pueblo romano, conmemora al emperador que extendió el imperio hasta Mesopotamia. Lo atravesamos.

Y desde allí bordeando el ayuntamiento, llegamos a la famosa Plaza del Capitolio (Campidoglio) diseñada por el gran Miguel Ángel, en el Renacimiento, una joya. En ella se encuentra la sede del Ayuntamiento de la ciudad y el primer museo de la ciudad. Vimos a varios novios fotografiándose con sus invitados en dicha plaza. Impresionante la escalera que baja de esta plaza, flanqueada por dos esculturas que nos recordaban claramente al famoso David de Miguel Angel (que está en Florencia).

A continuación la comida en un restaurante italiano muy próximo y que nos gustó bastante: la Antica Biblioteca Valle (en el Largo del Teatro Valle,9, www.anticabibliotecavalle.com) donde comimos un exquisito Rissoto de setas (uno de mis platos favoritos), una carne y un postre dulce, una especie de bizcocho o tarta. Un restaurante con brunch dominical por 20 € , un menú por 20 € y la posibilidad de un plato único, por 11 € (para comidas rápidas).

Roma Cristiana

Por la tarde nos disponíamos a visitar las grandes basílicas patriarcales romanas y las catacumbas, los lugares frecuentados por los Primeros Cristianos de Roma. Dejando atrás las antiguas murallas de la ciudad, fuimos por la Vía Ostiense a visitar la Basílica de San Pablo Extramuros (fuera de la muralla). ¡Impresionante! En su interior están retratados todos los Papas de la historia, e iluminado el Papa que está en la actualidad en el Pontificado. El guía nos contaba que sólo están previstos ventitantos huecos más para los Papas venideros, y que eso significa que después se acabará el mundo… En la basílica se encuentra la cadena que llevó San Pablo, en una urna y la tumba del apóstol. A la salida contemplamos una nueva escultura del Papa Juan Pablo II, por el que sentimos una especial veneración. Impresionante la entrada a la basílica con la escultura central imponente y las columnas de sus pórticos, así como las pinturas de la fachada.

-A continuación nos dirigimos a las catacumbas de Domitilla (que pertenecen al Vaticano, son territorio del Vaticano pese a que estén fuera de él, en la fotografía de la derecha escultura de Domitilla). No nos permitieron fotografiar su interior y tuvimos un guía de las propias Catacumbas.

La idea que muchos tenemos de ellas no se corresponden con la realidad, en concreto no son un lugar prohibido, lo que son en realidad es un cementerio cristiano. Los romanos no enterraban a sus muertos, los quemaban, y no estaba permitido enterrar a los muertos. Los cristianos pedían permiso para construir estos cementerios bajotierra, que contaban con el permiso y conocimiento romano. Son galerías y recovecos, repletos de agujeros (no muy largos, porque su estatura era pequeña comparada con la actual) donde enterraban a sus muertos. Parecen un laberinto y algunas tienen hasta 5 pisos por debajo del nivel de la superficie. Las tumbas se cerraban con lápidas (si eran pudientes, que podían llevar algún nombre o señal para identificarla por los familiares) o bien con trozos de teja… a menudo ponían algún objeto del fallecido que ayuda a su identificación, algunas tienen algún dibujo. En la sala superior, según se entra hay restos de las losas encontradas en las paredes… Dentro de ellas, dan un poco sensación de claustrofobia y de laberinto… Las catacumbas se construyeron sobre las tumbas de los mártires cristianos…

Seguidamente, pasamos por la “reina de las calzadas romanas” la Vía Appia Antica. Desde el autobús contemplamos las termas de Caracalla, que el guía nos decía que eran las mejores de Roma, en cuanto a instalaciones, a pesar de que la nobleza no acudía a ellas, porque eran más de la gente vulgar y preferían no mezclarse con ellos. Desde fuera, después, contemplamos la fachada de la Catedral del Mundo, San Juan de Letrán (el Papa es el Cardenal de Roma, pero cede este cargo a un obispo, arriba, fotografía de la izquierda). Por último, visitamos el interior de la Basílica de Santa María la Mayor, el “Palacio de la Virgen en la Tierra” (abajo, en la fotografía, podemos observar su fachada principal, su decoración interior es una de las más ricas de Roma). Impresionante el techo hecho de oro (traído de América, el primer oro español, traído por Colón), se cree que es obra de Giuliano da Sangallo, como regalo del Papa Alejandro VI Borgia a finales del siglo XV. En la basílica hay una urna que, según cuenta la tradición, contiene un fragmento de la cuna del Niño Jesús, por eso se conoce a esta basílica también como Iglesia de Santa María de la Cuna (a la derecha en la fotografía, la urna dorada, con un Niño Jesús arriba y los fragmentos de madera dentro). En esta basílica también se encuentra la tumba de Bernini (autor de la columnata de la plaza de San Pedro y de numerosas esculturas como la fuente del Tritón). Y en Santa María la Mayor también hay una escultura del rey español Felipe IV que es benefactor de esta iglesia (una especie de cofrade o mayordomo, lo que significa que debía sufragar parte de sus gastos, ese título lo siguen teniendo todos los reyes de España, hasta la actualidad). Famosa es la Leyenda de la Nieve: En el año 352, el Papa Liberio soñó con la Virgen y ésta le pedía que construyera una iglesia allí donde encontrara nieve. Cuando nevó en el Esquilino, en la mañana del 5 de agosto de un verano muy caluroso, el Papa, ante el milagro, ordenó la construcción. El milagro de la nieve se conmemora cada año con una ceremonia especial en la que del techo de la Capilla Paolina (una de las de Santa María la Mayor) caen cientos de pétalos blancos. Al principio eran de rosas blancas y en la actualidad se emplean dalias.

Volvimos al hotel para ducharnos y salimos a cenar muy cerca del hotel, porque el niño seguía con fiebre, malestar, y cansado. Encontramos una buena Trattoria, repleta de italianos (buena señal) y cenamos pasta (espaguetis a la carbonara (que es el plato típico de Roma, por cierto) y probamos una fantástica pizza para todos, soberbia, muy fina y en su punto. Nos encantó. De postre optamos por fruta fresca (que resulta más cara que un posrtre dulce).

Tercer día: Museos Vaticanos, Capilla Sixtina y Basílica de S. Pedro

De nuevo el lunes 22 de diciembre, a las 8.00 horas, nos dirigimos al punto Travel de la Estación Termini, para esperar al autobús, saludar al coordinador Travel (Andrea) y conocer al guía nuevo, también de nombre Andrea, que nos acompañaría el lunes. Allí nos dieron los cómodos pinganillos que nos acompañan en todos los recorridos y que nos permitían enterarnos de las explicaciones del guía sin necesidad de estar a su lado todo el rato (¡una idea estupenda!). Nos dirigimos a la ciudad del Vaticano, para conocer una parte de sus misterios, con una selección de galerías de escultura clásica, tapices, pinturas y paseando por las estancias que Rafael Sanzio pintó para el Papa Julio II. Lo primero que contemplamos fue el Patio de la Piña (fotografía de la izquierda), porque hay una gran piña en una fuente con dos pavos reales. A continuación iniciamos la visita por salas de esculturas (nos sorprendió la diosa de la fertilidad llena de testículos de toro colgando, imagen de la derecha, arriba), tapices, la sala de los mapas (con mapas de todas las regiones romanas… las estancias Rafaelas y por último la maravillosa Capilla Sixtina. El guía nos advirtió que no podíamos hacer ni una sola foto, que había guardias que vigilaban constantemente y lo impedían. Al entrar contemplamos las maravillosas pinturas, el efecto general y nos topamos literalmente con cientos de cámaras, que no paraban de fotografiar a diestro y siniestro. Le dijimos a una chica española qué cómo hacía fotos si estaba prohibido y nos dijo que los funcionarios del museo, los propios guardias, habían dicho que podían hacerse fotos sin flash. De modo que nosotros también nos pusimos a hacer instantáneas… Veíamos gente que utilizaba el flash, siempre hay gente que no respeta nada de nada. Sólo las pinturas del techo y las del frente son de Miguel Angel, el resto de las pinturas de las paredes son de autores diversos…

Antes de llegar a la Sixtina, vimos en distintas salas cuadros de todo tipo, algunos Dalí, el pensador de Rodín… casi sin parar a contemplarlos.

-Seguidamente entramos en la Basílica de San Pedro, el Vaticano, la más grande e importante del mundo cristiano católico, construida sobre la tumba del primer papa de la historia de la Iglesia, junto a la plaza más famosa de Occidente: la Plaza de San Pedro. En ella se encuentra la famosa escultura de La Piedad, de Miguel Ángel, protegida por un cristal blindado, a consecuencia de la agresión que sufrió la escultura hace años, por un perturbado que la intentó destruir a martillazos.

La tumba de San Pedro (que en una ocasión leí era de lo más humilde, un féretro de madera…) no se visita actualmente, bueno para hacerlo hay que pedir un permiso especial, lleva una tramitación… En la basílica sorprende la cantidad de monumentos funerarios, de los distintos Papas, un poco tétricos y en general muy pomposos y recargados (el guía nos dijo que no tienen restos funerarios dentro). También contemplamos el cuerpo incorrupto del Papa Juan XXIII, que nos sobrecogió de forma especial. Parece que el Papa está hecho de cera, con la piel como muy traslúcida.

Besamos los pies desgastadísimos de una escultura de San Pedro y nos sobrecogió de manera especial cómo la luz del mediodía incidía directamente sobre el altar Mayor de la basílica, que está situado justo sobre la tumba de San Pedro. ¡Un efecto espectacular!

En el centro de la Plaza un abeto con decoración navideña y tapado el tradicional Belén que se descubriría justo el día 24 de diciembre. Nos sorprendió que en los belenes de las iglesias romanas no ponen el Niño Jesús hasta el día 24 (en la mayoría de ellos), en su lugar está la cuna vacía.

A continuación Travel nos llevó a comer en un pequeño restaurante fuera del Vaticano pero muy próximo. ¿Adivinas qué? Sí, un plato de pasta, carne y un postre dulce. Y un capuccino.

Roma Monumental

Por la tarde, tras la comida, nos fuimos a pie, con el guía a ver la Roma Monumental. A través de un mágico recorrido por los principales monumentos, descubrimos la Roma de los Papas y el máximo esplendor de la Roma Renacentista y Barroca. Admiramos el Castillo del Santo Angel (el exterior) donde los Papas se han alojado en algunos periodos y donde acudían también si se sentían acosados por algún peligro. Fuimos por la orilla del Tiber (donde hay numerosos puestos y pintores) y cruzamos el río en dirección a la Plaza Navona (que debe su forma a una antigua pista de carreras), que en estos días estaba como la madrileña Plaza Mayor. En la está la célebre fuente de los Cuatro Ríos la fontana dei Fiumi, diseñada por Bernini como soporte del obelisco, a ambos lados de ésta dos fuentes más (una de ellas la fontana del Moro, remodelada por Bernini en 1653, quién diseñó la estatua del centro). A continuación fuimos a ver el Panteón de Agrippa (es el templo mejor conservado de la antigua Roma), que tiene un gran agujero en el centro del techo, que hace que la lluvia entre a su interior, por lo que el suelo cuenta con ranuras para vaciar el agua. En el Panteón está enterrado el padre de la patria: el rey Victorio Emanuel II y Umberto I rey de Italia. Hoy es una basílica donde se celebra el culto. Cuando llueve cierran la parte del centro para evitar caidas...

-Seguidamente, el guía Andrea nos llevó callejeando hasta la famosa Fontana de Trevi (que todavía no habíamos visto). Impresionante, en una plaza muy pequeña, sorprende porque es grandiosa y está adosada a un edificio. Lo primero el rumor del agua y el bullicio de sus numerosos visitantes… Nos advirtieron del peligro de robo, dado que los amigos de lo ajeno aprovechan el descuido de los turistas preocupados con tirar las monedas, para volver de nuevo a Roma, o fotografiarse, para robarles la cartera. Había un montón de turistas, y también carabinieri, que debían estar frenando un poco a los cacos. Nos hicimos fotos, tiramos las monedas… como manda la tradición. Esperemos que den resultado. A partir de ahí ya estábamos libres de Travelplan.

Desde la Fontana nos fuimos caminando a la famosa Plaza de España. ¡Ya teníamos ganas! Es una de las zonas más animadas y bulliciosas de la ciudad. Antes fuimos a ver la fuente del Tritón (preciosa). Llegamos por la Via Sistina hasta la Iglesia Trinidad de los Montes (que está en lo alto de la escalera de la Plaza de España, es del siglo XVI y por su emplazamiento ofrece una de las vistas más espectaculares de la ciudad), desde allí la panorámica de la plaza era impresionante, repleta de gente toda la escalera (es una de las joyas de la Roma barroca), con un gigantesco árbol de Navidad. Bajamos la famosa escalera y junto a la fuente (que es una gran barcaza), de hecho se llama la fontana de la Barcaccia, había un escenario, con la TV italiana grabando un concierto navideño de unos niños que cantaban villancicos. Desde la Plaza España (punto de encuentro de españoles y no españoles desde hace casi tres siglos) contemplábamos la famosa Vía Condotti, repleta de las tiendas más famosas y caras de la ciudad (Bulgari, Cartier, Valentino…) y dimos un paseo por ella. Los niños estaban ya agotados y volvimos al hotel, no sin antes entrar en una iglesia muy próxima a nuestro hotel, la iglesia de Santa Susana, de la orden Cisterciense. Nos habían dicho que cualquier iglesia romana es una maravilla, que merecía la pena entrar en algunas fuera del circuito turístico y pudimos comprobar que era cierto. Esta iglesia es de la orden Cisterciense. Susana era una noble romana hija del sacerdote Gabinio, en tiempos del emperador Diocleciano. Se convirtió al cristianismo, como su padre, y se consagró a Dios ofreciéndole su Virginidad. Diocleciano hizo decapitar a la santa.

Tras descansar un par de horas en el hotel, decidimos cenar en un restaurante de la zona, porque nos niños estaban ya muy cansados (no fuimos al famos Trastever italiano dadas las circunstancias, pese a que nos lo habían aconsejado). Sin ninguna referencia decidimos no ir al que tanto nos gustó la noche anterior, para variar… y metimos la pata. A la entrada del restaurante, al que se accedía bajando una escalera vimos a unos ingleses bajar la escalera observar la sala y salir atropelladamente, casi corriendo entre risas. Nosotros entramos al local, decorado de Navidad y con muchas mesas libres. ¡Error! Si no tienes referencias de un sitio, lo primero que debes observar es que no quedan mesas libres o prácticamente ninguna, y segundo que la gente que está es del lugar, en este caso italianos (como en el que habíamos cenado la noche anterior). No tuvimos esto en cuenta y pagamos por ello. Pedí un rissoto de mar y me sirvieron un plato de arroz caldoso, con un pulpito por encima, tan deleznable que lo dejé prácticamente entero, con el arroz pasado. Mi hijo pidió un vaso de leche, y picoteamos una ensalada muy normalita, alguna pizza y… hasta el postre, que pedimos una típica tarta italiana, el tiramisú, fue nefasto (era una especie de helado, que nada tiene que ver). Pagamos y nos fuimos al hotel a hacer las maletas y preparar nuestro cuarto día, en esta ocasión por libre. En realidad el cuarto día era sólo la mañana porque el avión salía a las 18.00 horas y debíamos volver al hotel a las 14.30 horas, para que Travel nos llevara al aeropuerto. Por la noche planeamos la intensa mañana que nos quedaba. Nos faltaba por ver: la Boca de la Verdad, el Monumento a Vittorio Emanuele II de cerca, queríamos ver (por recomendación del primer guía Marco) la iglesia de Jesús y la de San Ignacio de Loyola, y mi marido tenía interés especial en ver el Ara Pacis y el Monumento a Augusto (lástima estos los encontramos tapados por obras), y finalmente la Plaza del Pueblo.

Cuarto día: Mañana intensa…

Por primera vez tomamos el metro, para adelantar y aprovechar mejor el tiempo. El día 23 muy de mañana, dejamos el equipaje ya listo en el hotel. Tomamos la estación Castro Pretorio. En Roma sólo hay dos líneas de metro (un metro con túneles pintados en negro, muy tétrico y viejo). Las dos vías se cruzan en la estación Termini. Tomamos por tanto la estación Castro Pretorio hasta Circo Massimo. Salimos a la calle y contemplamos los restos del Circo Massimo, del que sólo queda el solar y algunas pequeñas ruinas. Allí tenían lugar las famosas carreras de cuádrigas, como las que vimos en la película Quo Vadis? Lo bordeamos, Y llegamos hasta la célebre Santa María in Cosmedín donde esta la famosa Boca de la Verdad (al pasar uno de los días vimos una increíble cola… pero al llegar tan temprano solo encontramos unas chicas orientales que se fotografiaron antes de llegar nosotros y ¡nosotros los siguientes! Entramos en la pequeña iglesia, muy bella… Subimos por la Via Petroselli hasta el Monumento a Vittorio Emanuele II, nuestro objetivo era subir en ascensor hasta donde están las cuádrigas y ver desde allí las vistas de Roma. En el trayecto vimos el teatro Marcello, donde las casas se mimetizan con los restos del teatro, en una simbiosis muy típica en Roma, donde se recicla todo. Subiendo a la derecha la plaza del ayuntamiento o Campidoglio (de Miguel Angel, que ya habíamos visitado). Antes, tras subir unas larguísimas escaleras, visitamos la iglesia de Santa Araceli (fotografía de la derecha, repleta de lámparas de cristal). Después, siguiendo llegamos a nuestro objetivo: el monumento a Vittorio Emanuel II, y buscamos el ascensor de obra que nos había recomendando el guía Andrea (un primer ascensor de obra), pero estaba cerrado al público. Entramos en el monumento, que es hoy un museo militar gratuito y recorrimos las distintas salas (observando sables, armas, mapas…) , subimos los 5 pisos hasta llegar al ascensor panorámico. Sacamos la entrada (creo que 9 euros) y nos subieron a la famosa terraza de las Cuádrigas. Este mirador ofrece un fantástico panorama del centro del casco antiguo, la única parte de la ciudad que nunca se quedó deshabitada gracias a la cercanía del río Tíber. Desde arriba contemplamos las más importantes cúpulas romanas: de la iglesia del Jesús a S. Andrea Della Valle y S, Agnese in Agone, la bóveda del Pantheón, deslumbrante resultado de la genialidad arquitectónica antigua y hoy convertida en iglesia y a la vez mausoléo de los primeros reyes de Italia, hasta el afamado “cupolone” de la basílica de San Pedro, obra de Miguel Angel, flanqueado por la Capilla Sixtina y por el conjunto de los Museos Vaticanos, con el ala utilizada como apatamento pontificio (donde reside el Papa, ya mayor parte del año). Dese allí tambíén se divisan las ruinas del Teatro de Marcello, reutilizado en la Edad Media como residencia patricia y la cúpula del pabellón de la Sinagoga.

Desde la terraza también se contempla la fachada del Palacio del Quirinale, sede del Presidente de la República desde 1946, que en el pasado también fue residencia de los Papas, antes de que éstos trasladaran la residencia al Vaticano y luego había sido también residencia de la familia real, los Saboya. También pueden contemplarse las ruinas del Foro de Trajano, con la famosa Columna historiada, con la representación de las hazañas del emperador, la mejor conservada del mundo antiguo, entre las de su estilo.

El panorama que puede apreciarse detrás de la elegante plaza del Capitolio, sede del Ayuntamiento, abarca desde la zona arqueológica de los Foros de la ciudad antigua hasta los Castelli Romani y admirar el impresionante Coliseo (el sol de frente nos impidió hacer unas buenas fotos de la vista del Coliseo desde la terraza, tendríamos que haber subido por la tarde, para sacar una mejor panorámica, pero no nos era posible…).

El conocido como Vittoriano se ha concebido y edificado para rendir homenaje a la memoria de Vittorio Emanuele II y por ello es denominado comúnmente Vittoriano, Sólo más tarde fue elegido para colocar en él la tumba del Soldado Desconocido y se convirtió así en un lugar de culto patriótico nacional. El lugar de los restos fue debajo del templete de la diosa Roma, en línea con el Monumento del Rey (estatua ecuestre de 50 metros de largo, de bronce), en el centro del Altar de la Patria, los restos del soldado desconocido fueron inhumados el 4 de noviembre de 1921. Arriba en la fotografía, frente al Vittoriano, tres de los protagonistas de este viaje: Ana, Manuel y Diego (la cuarta protagonista -yo, Dori-estaba haciendo las fotos).

El monumento mide 135 metros de ancho y 70 metros de alto sin las cuádrigas. Contando las cuádrigas superiores, se alcanza los 81 metros. Está hecho de mármol “botticino” que soporta mejor el paso del tiempo, para que conserve la blancura con el paso del tiempo.

En cuanto a las Cuádrigas: son la Cuádriga de la Unidad, de Carlo Fontana, que se recorta en la Via del Foro Imperirial, y la Cuádriga de la Libertad de Paolo Bartolini, que flanquea la Via del Ara Coeli, hechas ambas en bronce dorado (utilizando el bronce de cañones y chatarras adquiridos de autoridades militares). Carlo Fontana relató que Vitorio Emanuel III le había regalado un purasangre para que lo utilizara de modelo para los corceles.

Tras bajar contemplamos de cerca el monumento al soldado desconocido, con la pira funeraria, flanqueado por dos soldados, permanentemente. Desde allí nos dirigimos a la Iglesia de Il Gesù (la primera iglesia jesuítica, su diseño tuvo un gran impacto en la arquitectura religiosa), una de las que nos había aconsejado el primer guía (Marco) . Los techos de esta iglesia son espectaculares, tanto que parece que parte de las figuras son esculpidas y no pintadas. Tiene un espejo para ver su efecto en él. Y a continuación visitamos la Iglesia de San Ignacio de Loyola, donde está enterrado el santo. Su glorioso techo barroco lo pintó Andre Pazzo, en 1685). Después fuimos caminando hasta la Plaza del Pueblo y en el camino paramos a tomar un célebre helado italiano, cosa que hasta ese momento no habíamos hecho. En la plaza del pueblo nos encontramos al margen de la belleza de la plaza, un mercadillo de artesanía y bisutería muy interesante, en el que compramos anillos de piedra natural, un conjunto de pendientes y collar de cristal de Murano, un colgante y otros regalos. Desde allí volvimos al hotel para recoger el equipaje y esperar a que nos trasladaran al aeropuerto. Y eso ya es otra historia, dado que el personal de tierra del aeropuerto estaba en huelga de celo, con lo que tuvimos un retraso de 2 horas más a añadir al tiempo que ya de por sí habíamos considerado de antelación. La televisión italiana estaba grabando el caos del aeropuerto. Por suerte, conseguimos salir hacia las 20.00 horas. Y no facturamos nada, dado el riesgo de que nos perdieran las maletas.

Espero que nuestra experiencia le pueda servir a alguién que esté planeando hacer un viaje a Roma, o que nuestros itinerarios le resulten interesantes. Y desde luego les aconsejo que si buscan un restaurante y no tienen unas referencias muy claras hay que huir siempre de los que estén casi vacíos (esto sirve para Roma o cualquier otro lugar). Elige uno que esté llenísimo y casi es preferible tener que esperar. Otra buena señal es que los que estén en el restaurante sean del lugar, que no sean turistas.

El viaje nos encantó a todos (mi hijo tras el primer día se recuperó bastante y disfrutó haciendo fotos como un loco, agotando su tarjeta, queriendo fotografiar todo, todo... quitándome la cámara a mi), la ciudad es preciosa por la cantidad de historia que tiene, eso es indudable. Eso sí la encontramos muy, muy sucia (aceras con basura, papeles…). Y nos sorprendió también que los conductores romanos no hacen ningún caso de los pasos de cebra (es como si no los vieran). El guía Marco nos dijo que para que un romano pare y te deje pasar hay que levantar el brazo, pidiendo que pare el coche (entonces el romano se fastidia mucho pero para el coche). Desde que lo supimos no dejamos de ponerlo en práctica. Otro valioso consejo: a Roma hay que ir a un hotel mínimo 4 estrellas, hay infinidad de hoteles con 3 estrellas que en España no tendrían ni el calificativo de hostales, porque ni siquiera ocupan todo el edificio donde se encuentran (nos lo contaron en la agencia). Si utilizas el metro, sólo tienen 2 líneas y no tienen nada que ver con el metro de Madrid o el de Barcelona. El guía nos contó que en cuanto excavan un poco descubren restos arqueológicos, ruinas… por lo que deben parar las obras, razón por la que no han hecho más líneas, ni muchos parking. Por eso también es tan normal ver infinidad de vespas y motos de todo tipo. Roma también está repleta de gaviotas, se ven en numerosas ocasiones, porque el mar está a unos 30 km.

FIN (o mejor Continuará… si las monedas que echamos a la Fontana de Trevi dan resultado). Nuestro gusto por Roma y su historia ha sido tal, que en cuanto hemos llegado a España estamos viendo la serie Roma. Vamos que nos invade toda una !!!!fiebre romana!!!!


Texto y fotos: Adoración Rodríguez

3 comentarios:

Mar dijo...

Hola me llamo Mar, queria agradecerte tu informacion sobre Roma en este post.
Gracias al cual he podido disfrutar de las maravillosas vistas desde la terraza del monumento a Emmanuelle(parace mentira que no venga en ninguna guia) y descubrir que en lugar de las vigas del portal de Belen lo que estabamos viendo era la cuna en la cual estaba Jesus.
Mi marido y yo estamos te estamos muy agradecidos por toda la informacion que nos diste, has estado presente en nuestro viaje y por cierto llevabas razon en que Roma es una ciudad maravillosa.
Saludos
Mar.

Dori dijo...

Mar me alegro mucho. Me hace muy feliz que nuestra experiencia te haya servido de ayuda.

Saludos


Adoración

Nunilo dijo...

La verdad es que Roma es una de mis ciudades favoritas con diferencia, aunque eso sí, tengo que admitir que hace poco vi una página muy interesante donde hablaban de estas ciudades de italia que también me gustaron mucho, pero realmente la capital es algo realmente espectacular. ¡Gracias por toda esa información!